viernes, 26 de febrero de 2010

Pre_texto


Pre_texto
Según comprendo, si es que eso es posible, sin el afán de creer, no hay forma siquiera de encontrar la motivación suficiente para inventarse un diálogo. Pero bueno, habrá que confesarme un mentiroso, un farsante que se escabulle entre las rendijas del espectáculo con aliento a fármaco, a medicina hecha polvo para no incomodarse en moliendas. Las mentiras no se engullen al igual que las verdades, a las mentiras hay que inventárselas. Las verdades ya están hechas, vienen en píldoras recubiertas con sabores diversos; me gustan las de chocolate, a esas es fácil confundirlas con dulces de leche, pero cuando se acaba la cubierta, revelan su condición de amargor casi insoportable. Ese sabor sintético que sabe a engaño. En vano molestarse o tratar de escupir, lo mejor, según mi experiencia, es engullir y ser paciente, casi siempre el cuerpo, si es que se tiene uno, se encarga del resto mediante sus múltiples formas de excretar. Hay quien comienza a arquear, y luego de unos momentos, le viene un vómito que acarrea líquido biliar. Otros, afirman sentirse reconfortados por el reto que conlleva no hacer gestos ni dar señales de incomodidad. Y otros tantos, pero no muchos, dicen que ese amargor es dulce. Claro está, que a la mayoría les da por escupir y carraspear, en un intento desesperado por eliminar ese sabor a muerto. El problema con la negativa a aceptar el sabor, es que al paso de los días, cuando se habla o se platica, ocurre la reminiscencia inadvertida, de hecho, es tan sorpresiva, que se antoja culpar al ambiente, pero como no se encuentra correspondencia en al ambiente con el fruncimiento del rostro que ese mal sabor de boca provoca, lo que regularmente se hace es disimular. Aunque lo único que se consigue al disimular es desviar el fruncimiento a algún otro lado, ese otro lado puede encontrarse en el mismo cuerpo, pero si éste no da señales de vida, el otro lado se convierte en destino, en un futuro igual de sorpresivo que el amargor restringido.
Las mentiras, serían la alternativa cuando no se tiene ningún fármaco a la mano. Las mentiras, esas si, encuentran correspondencia con el ambiente porque vienen de allí, no del ambiente en sí mismo, sino de la correspondencia con él. El ambiente, regularmente se encuentra muy ocupado. Durante el día, y también por la noche, debe cubrir muchos pendientes. No sé si el ambiente esté de acuerdo del todo con lo que estoy diciendo aquí sobre sus ocupaciones, pero en esta ocasión me tomare el derecho, además, considero que las acciones individuales son las que menos le importan. La correspondencia con el ambiente es algo complicada, pero cuando se da, parece ser lo más simple, tanto así, que se olvidan los reclamos que se podrían tener por su falta de atención. Cuando se logra que algún comunicado de nuestra parte tenga relevancia, y logre hacer eco, esto es, que se vuelva a oír lo que decimos, nosotros los humanos sentimos un alboroto en la entrañas; el corazón se agita y nos vivimos relevantes. Hago la aclaración, que todo lo demás existente, también se agita y se conmueve, pero este palpitar no es momentáneo, ni sucumbe ante cavilaciones que giran en torno a la propiedad o la impropiedad. Tampoco lo existente considera al eco como una contestación o constatación de respuesta. Por eso, lo humanos no podemos saber de verdades, porque nos las tomamos muy en serio, las queremos tomar en horarios fijos, de una manera aséptica, y de aquí nuestra mayor estupidez: sin involucramientos, que es el principal requisito del ambiente para su correspondencia. Entonces habrá que contar las cosas mintiendo, para que no se tomen muy en serio, y así quizás la verdad quepa en el cuerpo.

lunes, 22 de febrero de 2010

De regreso


Allá voy de regreso, al ciclo sin tiempo, al aliento es-fumado que implora encuentro Temblor maxilar, escozor sin rumbo, musicalidad del averno Letreros que son como botella al agua Mentiras que se ciñen al pecho para nada, trazos del impulso que dialogan con el titiriteo tartamudo trotamundos Harto de las conjunciones y los porqués y después para qué. La puntería miope me viene de familia me lleva a la busqueda del sentido, prefiero ignorarla, es mejor dar un volantazo y luego otro aunque sea en la misma dirección, no importa si lo que consigo es dar vueltas, pero así quizás consiga el mareo, el vomito excretor que martilla en los avistamientos del aullador Ignoro la gracia de la escritura Prefiero por ahora deshacer la compostura aún-qué no traiga rimas farolas para las moscas para las polillas que se ofuscan enfocándose con las luces de los faros puercos o puertos qé más damos Si me pierdo ya estoy perdido I ahí voy a justificarme tratando de abrir tratado para tratar de ser tratado con cuidado Esto ocurre cuando escribes sin imágenes Tarasqueando para taracear ave_r si así asimos y asistimos al encuentro del cuervo lunar que coloca sus garras en el marco de la ventana para graznar Fisgonea queriendo entrar, revolotea y va de aquí para allá. Cierro los ojos y lo veo, los abro y ya no esta, le pregunto por qué te vas, no responde y ahora parece aullar, aunque el jadeo por debajo de este conjeturar entre el graznar y el aullar, se escucha por debajo de estas sabanas sin limpiar. Al quitar las sabanas Rocas grises que esas si, parecen hablar. La lenguas paladean las guirnaldas azucenas gardenias que se guarecen en las fauces para incitar la curiosidad Cueva de alientos oleosos lagrimas que se escurren con cada palpitar Colores que hace un rato_por dios_lo juro estaban ahí de verdad. Hay algo que parece no cambiar Un olor a muerto que tiene manos El rostro es el que, a pesar de sus intentos, no se puede mostrar Empuja y empuja como neonato cuando su placenta no puede rasgar.